Cuando tienes información tomas mejores desiciones, en la sexualidad pasa exactamente lo mismo.
La sexualidad ha estado rodeada de silencios, prejuicios y frases que repetimos sin pensar demasiado. Muchas de esas ideas parecen inofensivas en el momnento y lo hacemos sin pensar mucho en que tan ciertas son, pero pueden influir en la forma en que niñas, niños, adultos, parejas y personas LGBT+ viven su cuerpo, sus emociones, sus vínculos, su placer y su sexualidad.
Hablar de sexualidad no es hablar de morbo. Es hablar de salud, educación, límites, derechos, afecto, placer y bienestar y la menera en la que nos relacionamos con los demás. Por eso, hoy quiero compartirte cinco mitos que vale la pena cuestionar.
1. “Las niñas buenas no hablan de sexualidad”
Durante mucho tiempo se ha creído que una niña que pregunta sobre su cuerpo está siendo “adelantada” o “mal educada”. o incluso «promiscua». Esta idea es equivocada y puede ser peligrosa.
La educación sexual para niñas no consiste en hablarles como adultas. Consiste en enseñarles, de acuerdo con su edad, con respeto y de acuerdo a sus contextos, que su cuerpo les pertenece, que existen partes privadas, que tienen derecho a decir “no”, que pueden hablar si algo les incomoda y que no deben sentir vergüenza por hacer preguntas.
Una niña informada tiene más herramientas para cuidarse. El silencio no protege; la información sí.
2. “Los niños deben ser fuertes y no hablar de lo que sienten”
A muchos niños se les enseña desde pequeños que llorar es debilidad, que expresar miedo es vergonzoso y que hablar de emociones “no es de hombres”. Este mito no solo afecta su desarrollo emocional, también puede impactar su vida afectiva y sexual en la adultez.
Cuando un niño aprende a desconectarse de sus emociones, puede convertirse en un adulto al que le cuesta hablar de lo que desea, lo que le duele, lo que teme o lo que necesita.
Educar sexualmente a los niños también implica enseñarles respeto, consentimiento, expresión emocional, cuidado del cuerpo, limites y responsabilidad afectiva.
3. “La sexualidad se acaba con la edad”
La sexualidad no tiene fecha de caducidad. Es cierto que con los años el cuerpo cambia, pero eso no significa que desaparezcan el deseo, el placer o la necesidad de intimidad.
En la adultez pueden aparecer cambios hormonales, enfermedades, cansancio, medicamentos o modificaciones en la respuesta sexual. Sin embargo, con información, acompañamiento profesional y buena comunicación, la sexualidad puede seguir siendo una parte importante de la vida adulta.
El problema no es envejecer. El problema es creer que después de cierta edad ya no se tiene derecho al placer.
4. “Si me ama, debe saber lo que me gusta”
Este mito es muy común en las relaciones de pareja. Muchas personas creen que hablar de sexualidad le quita espontaneidad al encuentro, cuando en realidad puede mejorar la confianza y la conexión.
La pareja no tiene por qué adivinar lo que nos gusta. Cada persona tiene ritmos, deseos, límites, fantasías e incomodidades distintas. Lo cuál quiere decir que a mi pareja no necesariamente le gusta lo mismo que a mí y tengo que respetar aunque en ocasiones no comparmos las mismas inquietudes. Por eso, hablar de sexualidad no debería verse como una amenaza, sino como una oportunidad para conocerse mejor y de esta manera poder llegar a acuerdos que a ambos nos agrade.
El placer no siempre aparece por arte de magia. A veces se construye conversando.
5. “Ser LGBTQ+ es una etapa, una moda o una confusión”
La diversidad sexual no es una moda. Las personas LGBTQ+ han existido siempre, aunque muchas veces han tenido que ocultarse por miedo al rechazo, la violencia o la discriminación.
La orientación sexual, la identidad de género y la expresión de género forman parte de la experiencia humana. Invalidar a alguien diciendo que “se le va a pasar” puede generar mucho dolor, culpa y aislamiento.
No se necesita entenderlo todo para respetar. El respeto empieza cuando reconocemos que cada persona tiene derecho a vivir su identidad, su afectividad y su cuerpo con dignidad, aunque en muchas de las veces no entendamos, ignorar todo lo anterior no nos permite violentar el derecho de los demás.
Los mitos sobre la sexualidad no solo desinforman; también pueden limitar, avergonzar y lastimar. Por eso es necesario hablar de estos temas con claridad, sensibilidad y responsabilidad.
La educación sexual no promueve conductas negativas. Promueve cuidado, respeto, prevención, comunicación y bienestar.
Hablar de sexualidad no debería ser motivo de pena. Debería ser parte de una vida más consciente, libre y saludable.
Conclusión
Los mitos sobre la sexualidad no solo desinforman; también pueden limitar, avergonzar y lastimar. Por eso es necesario hablar de estos temas con claridad, sensibilidad y responsabilidad.
La educación sexual no promueve conductas negativas. Promueve cuidado, respeto, prevención, comunicación y bienestar.
Hablar de sexualidad no debería ser motivo de pena. Debería ser parte de una vida más consciente, libre y saludable.
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